avatarMaría Sabine Santana

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Sobre mi miedo a ser un subproducto de la mirada masculina

Soy dura con las personas, lo sé. Soy muy dura conmigo, por lo tanto, me cuesta no serlo con los demás. Especialmente, soy dura con los hombres y en cuanto a mi relación con ellos. Crecí escuchando a mi madre, eterna opositora de las relaciones románticas. Ella decidió que no quería pagar el precio que implica una relación romántica con un hombre, mucho menos un matrimonio.

Crecí admirando su libertad, pero también crecí aprendiendo el costo social e individual de ser soltera. Por otro lado, ví lo que el amor, o el sexo, o la simple necesidad de validación masculina, le puede hacer a las mujeres: olvidaron cuidar de sus hijos, olvidaron cuidar de si mismas. Algunas perdieron a sus familias, otras pierden casas, trabajos, oportunidades. En mi país, algunas perdieron la vida.

Fluir, dejar ser, ir viendo, estar chill, dejar ir, ir conociendo a la persona. Todas esas son frases que me cuesta entender como otra cosa que una trampa. Será que la relajación romántica ha sido inventada por el hombre para entretener el espíritu de las mujeres mientras exprimen de nosotras lo que sea que quieran: amor, compañia, empatía, consejos, apoyo emocional, sexo. Claro, todas las relaciones son de un modo u otro un intercambio. Incluso el placer de dar sin esperar nada constituye un recibir.

Como la burguesía que prometió al proletariado libertad y en cambio les ha dado explotación. Nada más que migajas de la riqueza que ellos mismo producen. En el himno de la Internacional Comunista hay una línea que dice:

“No más deberes sin derechos,

ningún derecho sin deber”.

Me queda claro que existen mujeres hermosas, fuertes, autónomas y muy, pero muy autodeterminadas que sostienen, al día de hoy, relaciones con hombres. Me queda claro que su experiencia existe y que hay algo en esas relaciones que las hace funcionar, que las deja ser libres. No importa si hablamos de relaciones de sexo casual o matrimonios de décadas, estas mujeres han encontrado un espacio para ellas en la idea del amor.

Estoy convencida de querer una familia. Una casa enorme en dónde educar y cuidar a mis hijos. He tenido que negociar conmigo misma la presencia de un padre, incluso de un compañero. ¿Cómo se convive con un hombre a diario, en la intimidad de un hogar, sin tener que pelear con sus instintos patriarcales? Amigas, ¿cómo se supera el miedo a ser un subproducto de la mirada masculina?

He leído a grandes mujeres, revolucionarias de verdad: Alexandra Kollontai, Rosa Luxemburgo, Frida Kahlo. Comprometidas con el proyecto socialista, con la emancipación de las mujeres, obsesionadas con ser libres. Y luego, estan sus cartas, sus diarios. El diario de Frida, los esquizofrénicos trazos rogando por Diego, el perdón de haberle sido infiel con su propia hermana. Esos fueron mis cuentos de terror durante la infancia. Me pregunto ¿de qué le sirvió a Frida la libertad impuesta por las infidelidades de Diego?

Si me cancelan una cita, mi opción preferida es descartarlos. Si no saben lo que quieren a los pocos días de conocerme, si no tienen el futuro resuelto, si no pueden darme todo lo que quiero, pienso ¿por qué toleraría una sola falla, un solo defecto, a un hombre? ¿Por amor, por dinero, por sexo, por compañía? Me encojo en mi propia necesidad de perfección. Amigas ¿cómo puede la libertad convivir con la que ha sido una de nuestras mayores cadenas?

Dice Simone que hay que estar con un aliado, alguien que entienda de feminismos y libertades. Supongo que Simone no habrá vivido en nuestros días, llenos de hombres que profesan igualdades y practican traiciones. En ocasiones intento imaginarme lo que ella diría, pero nunca me llega ningún pensamiento. Nunca sé si es demasiado temprano o demasiado tarde para irme, nunca sé cuando se han cruzado las líneas de lo tolerable. No sé dónde empieza al opresión del otro y dónde termina mi miedo a que esta se haya ya manifestado ¿Y si vivo oprimida justo ahora? ¿Y si ya he sido exprimida? ¿Qué si ya estoy siendo un subproductos de la mirada masculina?

Recuerdo siempre las palabras de Jo March:

“Te vas a aburrir de ese hombre en dos años. Nosotras seremos interesantes para siempre”

A lo que Meg contesta:

“Porque mis sueños sean diferentes a los tuyos no los hace menos importantes”

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