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comida podrida. Miserable el que saquea con el estómago vacío. Miserables los que sin hacer nada estamos con miedo. Miserables los niños que murieron a oscuras. Miserables sus padres que los cargaron en brazos. Miserable el que mientras unos se mueren sin diálisis, usa plantas para encender una pantalla con su rostro. Miserables los que tienen los bolsillos pesados y la conciencia sanguínea. Miserables los que sostienen linternas y alumbran para

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otro lado. Miserables los que le echamos la culpa al otro a ver si así nos pesa un poco menos el adjetivo.</p><p id="6fbf">Solo espero que pronto, en este juego de palabras, seamos capaces de ser antónimos, ser no miseria. Un contrario donde los que padecemos las miserias más hondas nos volvamos rayo e incendiemos todo lo anterior. Odio la palabra miserable y no quiero serlo nunca más, ni aquí, ni en Venezuela, cuando regrese.</p></article></body>

Ser antónimos

Hay palabras a las que siempre les he tenido miedo. Me prohibo decirlas, escribirlas, hasta que se hacen realidad y me cunden el cuerpo.

En un país tan convulsionado como venezuela, la palabra miserable hace vida, y sin sorpresa, entiendo que hemos encarnado todas sus acepciones. Somos Miserables. Sin romanticismos. Miserables los que sin recursos toman agua del Guaire y comida podrida. Miserable el que saquea con el estómago vacío. Miserables los que sin hacer nada estamos con miedo. Miserables los niños que murieron a oscuras. Miserables sus padres que los cargaron en brazos. Miserable el que mientras unos se mueren sin diálisis, usa plantas para encender una pantalla con su rostro. Miserables los que tienen los bolsillos pesados y la conciencia sanguínea. Miserables los que sostienen linternas y alumbran para otro lado. Miserables los que le echamos la culpa al otro a ver si así nos pesa un poco menos el adjetivo.

Solo espero que pronto, en este juego de palabras, seamos capaces de ser antónimos, ser no miseria. Un contrario donde los que padecemos las miserias más hondas nos volvamos rayo e incendiemos todo lo anterior. Odio la palabra miserable y no quiero serlo nunca más, ni aquí, ni en Venezuela, cuando regrese.

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