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Imposturas de una señorita burguesa #10

19. El caché: un significado diferente

La semilla de la discusión se sembró cuando me di cuenta que Camilo no estaba dándole like a las fotos que publicaba en mis redes sociales. ¡Y yo estoy demasiado segura de que las ve! Incluso off line me comenta cosas acerca de lo que ha visto en ellas, pero claro que sí aprueba con sus pulgares las publicaciones de titirimundachi. El Camilo del pueblo.

–Hago todo lo posible por mantener un contacto real y cercano contigo, te escribo todos los días –responde indiferente, el asunto no es grave para él– me preocupo por saber cómo estás y lo que haces, no solo lo que muestras. ¿Me reclamas si no te doy un genérico like?

Le gusta mandarme a callar sin hacerlo. Eso no se lo puedo discutir, aunque aún me molesta que se niegue a darme un like, ¡ni siquiera debe escribir! Solo click. ¿En verdad me parece tan importante mi persona virtual? Pues sí, para muchos esa es la única América real. Es la única América que ve mi mamá.

La discusión se acabó en que sí, prefiero que nuestra realidad marche bien –que sigue siendo un poco coja, sospecho de su parquedad- a que una plataforma social defina nuestra situación. Me ganó. Pero que no solo hay que ser bueno, sino aparentar serlo, como actuantes y como voyeristas. A Camilo no le gusta aparentar.

20. El amor que no sobrevivió

Está rara, lleva tres días rara. Desde el domingo, ¿qué fue lo que dijo? Ah lo de que no me arreglo las uñas. No es descuido es que no me importa. Camilo tiene razón ella debería leer más que el Hola. Ya se despertó, wuathefok? Qué hace tan temprano ahí. Es que está rara. Está marcando territorio. ¿Qué necesidad? Ali que linda, me mira con sonrisa de monjita de la caridad.

–No gracias, Ali. Yo tengo mi avena.

¿Qué necesidad tiene de desayunar Lucky Charms? Ni es rico, lo compra solo porque es el más caro, la gente elegante hace eso y luego te lo ofrecen con generosidad, como debe ser, porque no tienen hambre cuando comen. Ali es así de delicada. Tú la quieres, ella es buena, se te va a pasar, solo saturación. Ahora que viaje van a respirar las dos.

–Nada, ¿por qué lo dices? Estoy tranqui.

La que está rarísima es ella, la que me trata raro es ella. Mis manos parecen de niño, pero no se me ven mal, ñañañaña ñañaña. Sí, deberían darme pena. A ella la recuerdo más guerrera, pero la gente bonita cambia. cuándo le empezó a importar, ¡QUE YO ESTOY BIEN! Por qué me insiste, esta quiere que yo sea la que diga que está harta y que se va. Cuánta sutileza, me gustaría tenerla. Ali me está manipulando para eso, no le voy a dar el gusto. A la gente buena no siempre se le puede dar el gusta. Deja de tocarte el pelo, que te lo estás enmantecando. Yo debería ser una roommate más adecuada, debería estar agradecida. Al coño los sándwiches que yo le daba en el colegio, acá. ¿Qué digo? Qué suerte tiene Ali de que su papá le da todo. De su casa a la casa de José Rafael, ella no se pierde en el camino. Me da envidia su norte tan claro. como debe ser, como debe ser.

–Creo que la que tiene un problema eres tú, ¿por qué no me lo dices y ya?

Yo sabía, yo sabía. Ali maneja mejor eso del destierro, ella no está desterrada, ella tiene muchas islas dónde morar. A veces nos sentamos en el sofá, ella en sus tres cuartos y yo en mi esquina, yo recuerdo mi casa y ella el documento que redactó en la mañana. A mí nadie me obligó a venirme, pero de donde vengo ya no existe, quisiera no extrañar lo que no existe, Ali es sagaz, ella sabe que solo se extraña lo que hay. Ya, Ali a veces se le pierden las monedas que se saca de los bolsillos y las deja por ahí, 10 céntimos no le valen nada, ya va a culpar a Camilo de la vaina. No lo soporta, es normal, Camilo es cojo. Me imagino que se huelen el insulto mutuo. A ella solo le gustan las cosas bonitas, brillantes. A mí no me importa que no trabaje, ni que quisiera casarme con él. Yo lo disfruto y ya, quisiera pensar más allá, como ella. Cállate chica, no te metas con eso. Se me va la risa fácil cuando el pelo se le pone más crespo si se molesta, se ve más de real. Es mi rollo. Yo sabía que esto iba a terminar así. Se me va a desprender la quijada, las partes del cuerpo se me caen de impotencia. Debí haberme quedado con la habitación sola, era más poético, pero Ali es tan generosa. Siempre queriéndome arropar más allá de donde me llega la manta, ¿de dónde saqué que podíamos? Ali y yo nos parecíamos en el lugar que ya no existe. Cuando me fui nos dejamos de parecer tanto, ¡disfruto verla preocuparse por lo que antes odiaba! La gente cambia, cambia bien, ahora solo le gusta lo bonito. Ya no ve lo que no existe. Es raro que le guste José Rafael, o tal vez no, a mí no me gusta lo bonito. Camilo no es bonito, ¡Ay cuanto quisiera querer a Daniel como Ali quiere a JR! Ali se come todo su cereal, sin hambre, como debe ser, sumamente distinguida. Tengo que aprender de ella, que a mí se me notan mucho los vacíos en el estómago.

–Pues sí que tenemos cosas en común, ¡pendejo y tú misma lo buscaste!

¡Qué estúpida soy! Eso no se lo he debido decir. Con lo buena que ha sido conmigo. Que se alise el pelo todo el día debe ser un complejo horrible, seguro que no quiere que se le note la madre. Que está muerta, que con los muertos no te metas. No soporto ser así, no lo soporto. No le llego, eso es todo, por eso no nunca va cuando la invito. A Ali le dan asco mis cutículas. Este pellejito me lo tengo qué arrancar, no me deja concentrar. Está seco, ¡me saqué sangre! Yo sí tengo sangre en las venas. Ojalá pudiera retenerla, que se me nota cuando derramo las cosas ¡Cómo me da risa pensar que pensé que esto funcionaría! Camilo tiene razón, aunque capaz si fue él el que se llevó eso, yo si lo vi levantando mucho las cejas, se veía feliz y de pronto le vino la languidez de la culpa. A Ali la cortan y no le sale sangre, debería enseñarme a tragarme las cosas. Ali es digna señorita. Ella no se expone, qué suerte tiene. Ya quisiera yo ser así de elegante. Que todo lo minimiza. Qué manipuladora, qué arte. No le voy a dar el gusto, que me bote ella.

–Mira, José Rafael me da igual, tus uñas me dan igual, tú lo que quieres es que yo diga que me voy sin botarme. Marica, di la vaina y ya, yo me voy. Qué feo el tuyo, tu papel de señorita perfecta. Asume. Crece, chama.

NOO, yo no tengo vergüenza, yo me quedé, yo me estanqué, yo me conformé. ¡Cuánta pena siento por mí! ¡Cuánta pena y vergüenza le debo causar a ella! No voy a fingir más que la quiero, que la verdad nada en común tenemos. Porque si pudiera borraría también toda la belleza de la lista. Ojalá pudiera imitarla, ella merece una roommate más parecida a ella. Yo no me contengo.

–¿Sabes? Ya no me importa, te doy el gusto. Me voy. Prefiero pasar roncha que deberte algo.

¡La avena caliente! Qué bien se siente este desastre. El engrudo entre mis dedos, los pies que se me pegan al suelo. El bowl roto. Quizá la próxima vez tenga yo más suerte.

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