Guardián
POESÍA

El castillo dormita como un perro de piedra sin consuelo de sombra ni visita. Posa la cabeza (la inclinada torre) sobre un trozo de muralla. Abajo las fachadas se agrupan en legiones fantasmales las tejas ondulan como banderas de sangre. La vida bulle entre la cal y el fango. El viento a veces trae murmullos y el castillo parece recobrarse. Recuerda el sordo diálogo de espadas los dientes de metal el aullido de la carne. Una roca se desprende y rueda sin testigos. Recuerda la amalgama de estertores y gritos. Pero no ha sido nada. Solamente el árido viento resuena en las troneras rodea la regia corona de almenas y mueve los yerbajos en lo que antaño era un patio de armas. No ha sido nada. Colina abajo se derrama el eco sin cota ni estandarte. El castillo se yergue con la remota llamada; pero no atrona, no arde el instante tan prometedor. Y el animal en su abandono regresa a la fijeza del horizonte. Ni la espera ni tanta ruina abaten su fidelidad.






